¿Aprender de los errores? ¿Sí o no? 🙎🏽♀️⁉️
La historia de Beatriz nos muestra los
recursos que se pueden emplear para aceptar que los errores son parte del
proceso de aprendizaje y cómo reponerse después de haberse equivocado. Beatriz
perderá a sus admiradores, pero se sentirá más a gusto consigo misma,
demostrándonos lo mucho que empodera aprender de nuestros errores y
sobreponernos a ellos.
✔ Con toda certeza, a nadie le gusta
equivocarse; pero por intentar ser resilientes, ante un error, tendemos a
juzgarnos, criticarnos e incluso rendirnos ante algunas situaciones. Somos tan
perfeccionistas y tan excesivamente exigentes con nosotros mismos, que
cualquier equivocación tiene el poder de hacernos dudar sobre nuestras
capacidades y fortalezas.
Lo cierto es que, lejos de esto, la
equivocación puede ser el paso previo al aprendizaje; es, de hecho, lo que nos
permite salir de nuestra zona de confort para retarnos a nosotros mismos.
Partiendo de la premisa de que todos
cometemos errores en mayor o menor medida, estos tienen una parte positiva, ya
que son una fuente de aprendizaje. Al mismo tiempo, deberían ser un estímulo
para la superación individual.
La
cuestión es qué hacer después de que uno se equivoca. ¿Cómo actuar y qué hacer
para aprender del error y seguir adelante?
Proponemos una herramienta de neurociencia
que se llama Disciplina Positiva las 4 Rs de la recuperación del error.
•Reconocer: ver que lo que hiciste no es
eficaz. No significa fracaso, sino ver que aquella decisión que tomaste no ha
funcionado y que debes buscar otra opción más efectiva.
•Responsabilizarse: ver cuál ha sido tu
contribución al error (sin añadir culpa) y comprometerte a buscar una solución.
•Reconciliar: esto no es más que disculparse
si algo no hemos hecho bien.
•Resolver: nos enfocamos en soluciones: ¿qué
podemos hacer para solucionar este malentendido? ¿estarías dispuesto a contarme
lo que ocurrió a otra persona?
Los
errores son oportunidades para que el cerebro construya un puente que dé éxito
en el futuro. Cuando corregimos un
error, nuestro cerebro crea un nuevo cableado para guiarlo a tomar una mejor
decisión la próxima vez. Nuestros mayores aprendizajes no provienen de lo que
hemos memorizado sino de lo que hemos aprendido del error.
En
el ámbito de la seguridad vial, por ejemplo, en la conducción es necesaria una
gran capacidad para comprender a los demás. Ello exige comprender y disculpar
los errores ajenos, sin irritarse o dejarse llevar por el mal genio. Los
errores ajenos no pueden servir para justificar los propios, que han de ser
evitados concentrándose en la conducción, ni para adoptar un comportamiento
agresivo que puede ser de fuertes consecuencias.
Es
importante destacar que, el tránsito surge por la interacción de los tres
factores o elementos, es decir, una persona a los mandos de un vehículo en una
vía, no cabe duda que un siniestro vial se produce como consecuencia de la
falta de armonía entre los tres elementos o factores o entre dos de ellos.
Pensar
a la seguridad vial con las palabras "no producción de siniestros".
Pero, así expresada, esta construcción es utópica, ya que siempre cabe la
posibilidad de que se produzca algún siniestro y más si se tiene en cuenta que
entre los elementos que intervienen en el tránsito se encuentra el ser humano,
sobre el que recae la capacidad de decidir y con ella la de equivocarse, y al
que, en última instancia, no podrá coartarse su libertad y poder de actuación.
En otras palabras, la seguridad vial nunca será una realidad de valores
absolutos, puesto que los siniestros viales siempre existirán. A lo que cabe
aspirar, y ello es un derecho de los ciudadanos y un deber de todas las
Administraciones públicas (Central, Autonómica, Provincial, Local), es a que
los siniestros disminuyan y a que sus consecuencias sean lo menos dañosas para
el individuo y para la sociedad.
La
mayoría de los siniestros viales son evitables y, por ello, uno de los tópicos
más peligrosos y falsos es ignorar el hecho de que el ser humano, ser falible,
o el sistema, nunca perfecto, fallarán en ocasiones, produciéndose los
siniestros viales como consecuencia de esos errores.
La
seguridad vial así perfilada entraña, en sí misma, la idea de un cierto riesgo
y para ser sinceros, de un riesgo cierto. Pero si el nivel alcanzado es óptimo,
ese riesgo será un riesgo razonable y proporcionado que la sociedad habrá de
asumir serenamente, aunque llevando a cabo, aptitudes, al mismo tiempo, un
esfuerzo perseverante y lúcido para ir alcanzando cotas de seguridad vial cada
vez más exigentes.
Pero, producido el siniestro, resulta difícil, con los datos disponibles
del mismo, y aun investigando éstos en detalle, establecer con precisión el
papel que cada uno de los factores contribuyentes ha jugado en el mismo. ¿Cómo
saber, en efecto, en qué medida han intervenido las "condiciones" de
la vía o del entorno? o ¿cómo determinar en qué "estado mecánico" se
encontraba el vehículo antes de la colisión? o ¿cómo conocer qué
"errores", de cualquier tipo que sean, ha cometido el conductor o
usuario implicado? La mayoría de las veces resulta incluso difícil establecer
el catálogo de los factores que han intervenido en el siniestro.
Lo
más frecuente es que en el conjunto aparezcan, con cierta claridad, las
infracciones a las normas de circulación cometidas por los usuarios.
Por
otra parte, en un siniestro se busca, más que determinar las causas,
proporcionar a la Administración de justicia los elementos de juicio que
permitan establecer o designar un "responsable" que será, en fin, de
cuentas, quien habrá de reparar, al menos pecuniariamente, los daños causados
por el siniestro.
De
aquí la tendencia a no buscar otras causas del siniestro vial que las
comprendidas en el catálogo de las diversas infracciones atribuibles a la
indisciplina de los usuarios de las vías públicas o, al menos, darlas
prioridad. Ello conduce, a su vez, a dar preferencia a una de las múltiples
acciones preventivas posibles: la vigilancia y sanción de las infracciones
cometidas contra las reglas de circulación. Pero este no pasa de constituir un
planteamiento un tanto simplificado, cuando no simplista, de la cuestión, ya
que, junto con esas supuestas infracciones, coexisten otros factores
contribuyentes de los siniestros, que no se deben ignorar en un estudio
racional y completo de los mismos.
Imagínese,
a título de ejemplo, un siniestro vial aparentemente claro: "Un vehículo
rebasa una señal de CEDA EL PASO, colisionando con otro que se aproximaba por
su izquierda". La causa del siniestro parece que sea evidente: no cumplir
con la señal de "Ceda el paso"; lo que constituye sin duda una
infracción. Pero, si lo que se pretende es emprender una acción preventiva eficaz
contra este tipo de siniestros, para evitar su repetición, esa información
resulta un tanto insuficiente. Es necesario descubrir "por qué" el
conductor no ha respetado el "Ceda el paso". La respuesta pocas veces
estará en la ignorancia del significado de la señal o en la voluntad deliberada
de no respetarla. Habrá ocasiones en que el conductor, por ejemplo, deslumbrado
por el sol y distraído en buscar una dirección, ha podido no ver la señal.
Otras veces, no lo habrá previsto, porque la pre-señalización de advertencia quedó
oculta para él y, sorprendido, no ha podido detenerse a tiempo. O incluso
porque simplemente ha calculado mal la distancia y velocidad del vehículo que
se aproximaba por su izquierda.
Se puede por ello comprender que, en un
hecho, en apariencia simple, pueden esconderse multitud de circunstancias
reales de diversa índole. Pero con mayor frecuencia el siniestro es mucho más
complicado. Por ejemplo: un joven, de diecinueve años, que acude con retraso a
su trabajo, circula al volante de su automóvil cuyos neumáticos están gastados
en exceso, por una carretera cuyo pavimento está bastante pulido por el
tránsito y con un tiempo lluvioso; en una curva no peraltada pierde el control
del vehículo y va a colisionar contra un árbol, próximo a la calzada, en el que
queda atascado. ¿Cuál es la "causa" de este siniestro?
Un
análisis en profundidad pondrá de manifiesto numerosos elementos o
circunstancias que han contribuido a provocar el incidente: inexperiencia,
velocidad excesiva, estado de los neumáticos, estado de la calzada, condiciones
meteorológicas, presencia de árbol, etc., y, a su vez, ese análisis permitirá
darse cuenta de que la supresión de, no importa cuál de ellos, habría sido
suficiente para que el siniestro vial no se hubiera producido. Ninguno de ellos
es suficiente, pero todos son necesarios para provocar un siniestro vial. Por
eso ninguno puede ser considerado como la causa: todos ellos constituyen los
factores de esa causa. Su gran variedad y el número de sus combinaciones son
tales que el estudio de los siniestros viales, si bien puede permitir conocer
las circunstancias en que se ha producido y designar un
"responsable", no proporciona los elementos necesarios y suficientes
para establecer, por sí solo, una línea clara de acción preventiva. Por ello
resulta preciso indagar en el estudio de la actividad que engendra el siniestro;
es decir, la conducción del automóvil.
Así, será más sencillo conocer sus riesgos y
sus posibles fallos y, conocidos unos y otros, será también más fácil tratar de
evitarlos.
💡Recordá: No
hay necesidad de re-inventar la rueda, en lo posible aprovechemos el
conocimiento que tenemos al alcance de la mano 🤳
Referencia: Manual de Seguridad Vial-
"Cuestiones de Seguridad Vial, conducción eficiente, medio ambiente y
contaminación" de DGT
Apego y Literatura: La niña que nunca cometía
errores.
Notas Activas de Karim Temple
"Errores"
Cuentos para crecer ORG. "Me equivoco,
luego aprendo"
Las teorías del aprendizaje en la
neuroeducación: ¿cómo aprende el cerebro humano? de Instituto SERCA.
"¿Qué es la neuroeducación?" de
Francisco Mora, doctor en Neurociencia y Medicina.
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