Un
hombre llama al médico de cabecera de la familia porque está preocupado por su
esposa María:
–
Se está quedando sorda.
–
¿Cómo que se está quedando sorda?
–
Sí, de verdad. Necesito que vengas a verla.
–
Bueno, la sordera no es una cosa repentina ni aguda, así que venid el lunes a
la consulta y la reconoceré.
–
Pero, ¿tú crees que podemos esperar hasta el lunes?
–
Está bien, ¿cómo te has dado cuenta de que no oye?
–
Pues porque la llamo y no contesta.
–
A ver, vamos a detectar el nivel de sordera de María.¿Dónde estás tú?
–
En el dormitorio. Y ella en la cocina.
–
De acuerdo. Llámala desde ahí.
-¡Maríaaaaa…!
No, no me oye.
–
Bueno. Acércate a la puerta del dormitorio y grítale desde el pasillo.
-¡Maríaaaaa…! No, ni caso.
–
Espera, no te desesperes. Ve a buscar el teléfono inalámbrico y acércate a ella
por el pasillo llamándola para ver cuándo te oye.
–
¡Maríaaaaa…!¡Maríaaaaa…!¡Maríaaaaa…! No hay manera. Estoy delante de la puerta
de la cocina y la veo. Está de espaldas lavando los platos, pero no me oye.
¡Maríaaaaaaa…! No hay manera.
–
Acércate más.
El hombre entra en la cocina, se acerca a
María, le pone una mano en el hombro y le grita en la oreja: “¡Maríaaaaaaa…!”.
La esposa, furiosa, se da la vuelta y le dice:
–
¿Qué quieres? ¿¡Qué quieres, qué quieres, qué quiereeeees…!? Ya me has llamado
como diez veces y diez veces te he contestado “qué quieres”. Cada día estás más
sordo, no sé por qué no vas al médico de una vez… Jorge acaba diciendo que cada
vez que veo algo que me molesta de otra persona, sería bueno recordar que eso
que veo, por lo menos (¡por lo menos!), también es mío.
Esto
es la proyección, es un mecanismo de
defensa que utilizamos con frecuencia. Lo hace, por ejemplo, quien incapaz de
enfrentar sus emociones, conflictos y estados anímicos internos convulsos, los
vuelca sobre los demás en forma de críticas y dinámicas dañinas. Es pensar que
el defecto lo tienen otros, pero nunca uno mismo.
Por lo general las proyecciones son
características que nos son difíciles de aceptar como propias y tendemos a
rechazar. Estas características, formas de pensar o conductas suelen tener
carácter agresivo, sexual, persecutorio, etc. La proyección sirve para poder
interrumpir estos impulsos.
Se pueden distinguir dos tipos de proyecciones: las positivas y las negativas.
- Las negativas suelen
ser aspectos o características negativas propias que uno no quiere aceptar
y que también producen rechazo cuando las observamos en los demás, por lo
que no me gustan de mí, no quiero aceptar como mías y las rechazo. Algunas
proyecciones frecuentes de este tipo son los celos o los prejuicios de
clase, de género, físicos, intelectuales, etc.
- Las positivas son
características que me gustan de los demás porque creo que no las tengo.
La proyección como técnica
defensiva:
Al
atribuirle los rasgos “negativos” a los otros, el yo se protege de una amenaza
(Baumeister et al., 1998). Al observar rasgos negativos en los otros, los
ponemos en una luz negativa y desfavorable, lo cual pone indirectamente una luz
más positiva sobre uno mismo.
Un
ejemplo: "Yo en la calle me manejo
bien, el problema son los demás".
Pablo
Wright, antropólogo vial, miembro de Culturalia e investigador del CONICET,
explicó que, los actores parecen sentirse parte de un sistema de interacciones
viales como hechos individuales separado de todo contexto mayor. Y en este
contexto, la culpa la tienen siempre los "otros",
como una entidad a-social y anónima que amenaza nuestros desplazamientos viales.
Si
siempre culpamos a los demás, los conflictos se van a repetir una y otra vez y
no vamos a ser capaces de resolver las situaciones problemáticas. Esto irá
generando frustración y negatividad permanente en nuestras relaciones con los
demás y con el ambiente, generando un malestar e insatisfacción constante hacia
el mundo.
Es
importante que las personas nos responsabilicemos de la parte que nos
corresponde y así poder resolver con éxito las situaciones que generan
conflicto o malestar, atribuyendo una visión y participación más realista y
adecuada de uno mismo y de la sociedad, y una visión más auténtica de nosotros
mismos para así aprender de los errores y disfrutar de los propios éxitos y
relaciones.
Referencia a: “La esposa sorda” Del humor popular relatado por J. Marrone, versión del autor. “La proyección como proceso y como mecanismo” de Brusset, Bernard. “Subjetividad y Procesos Cognitivos”, Vol. 17, Nº 1. “Mecanismos de Defensa” Cepsim Madrid.

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